| CONFORMACION DE RAZA |

Las exposiciones caninas están autorizadas y reglamentadas por organismos no
estatales, pero reconocidos oficialmente en el ámbito nacional e internacional,
tales como la FCI, AKC, el KC, algunos de ellos con más de 150 años de
actividad.
Las primeras exposiciones caninas aparecen en la Inglaterra
del siglo XIX, propiciadas por el amor a los caballos y a los perros que se
dieron con tanta intensidad en ese país. La anglofilia que se produjo en el
ámbito mundial como consecuencia del predominio político, económico y militar
inglés hizo que estas aficiones se extendieran como la pólvora por todas partes.
Increíblemente, una de las causas de que aparecieran las primeras exposiciones
caninas fue la ley que, en 1835, se aprobó en el Parlamento británico y que
prohibía las peleas de perros. Aunque hasta 1935 la policía no intervino con
todo rigor contra los infractores de esta ley lo cierto es que, para llenar el
vacío que se produjo por la citada prohibición, los aficionados de las ciudades
se empezaron a reunir en los salones de las tabernas y posadas de toda
Inglaterra; las apuestas eran corrientes entre los espectadores, pero los
juicios se basaban exclusivamente en la apariencia física y calidad de los
animales. Al principio todo se limitaba, pues, a una comparación entre perros;
de ahí a la formación de estándares que definieran las características de las
diferentes razas, entonces en gestación, no hubo más que un solo paso.
Simultáneamente, en todas las ferias de ganados, los propietarios de
perros, por supuesto de otros tipos más rústicos, realizaban los mismos procesos
de comparación entre sus animales. Tanto en las ciudades como en el campo se
nombraba a <>, elegido de entre los criadores, que actuaba de juez y
decidía, según su criterio, cuales eran los perros que se atenían más al tipo
que buscaban. Tenemos que tener en cuenta que, en aquellos tiempos de la primera
mitad del XIX, el ferrocarril todavía no existía, y todas estas reuniones tenían
que tener obligatoriamente un ámbito local, porqué las deficiencias y lentitud
de las comunicaciones no permitían otra cosa. De la conjunción de estas
aficiones coincidentes en las comunidades ciudadanas y rurales surgieron las
primeras exposiciones oficiales, cuando las condiciones y, sobre todo, los
medios de transporte, lo permitieron.
La primera exposición canina de
que se tiene noticia parece ser que se celebró en Inglaterra, en el año 1859, en
Newcastle-upon-Tyne y, según los archivos, sólo se admitieron dos categorías de
perros, Pointer y Setters. Casi inmediatamente reaccionaron los aficionados de
Birmingham, Leeds, Mánchester y, finalmente, de Londres, y les imitaron...
Francia empezó en mayo de 1863, en el Jardín de aclimatación del bosque de
Bolonia, en los Estados Unidos comenzaron en 1875. Es claro que en los comienzos
los registros no eran tan fiables como en la actualidad; tampoco las reglas eran
las mismas y, para más diferencias, se admitían actuaciones que hoy serían
reprobables. Por citar solamente un ejemplo diré que, en la exposición canina de
París de 1870 y para complementar y amenizar la velada se celebraban cazas de
ratas; por supuesto, estos acontecimientos contaban con el aliciente de las
apuestas.
Una cosa que hay que decir en favor de estas primeras
exposiciones es, que lo menos importante era el título de campeón por sí mismo.
Lo fundamental era que este título reconocía de una manera lo suficientemente
oficial que el perro reunía las capacidades y tipicidad exigibles para ser
considerado cualitativa y cuantitativamente un digno representante de su raza y,
más importante aún, un modelo reproductor. Esta manera de ver las cosas está
actualmente soterrada por la tendencia al show, pero, en mi opinión, sigue
siendo la principal finalidad y la única justificación real.
Las
exposiciones ayudan a difundir la afición al perro de raza, obligan a un
esfuerzo de cría más estricto que, en consecuencia, eleva más el nivel de los
animales de raza, tanto participante como no participante; para conseguir esto
los perros deben ser juzgados por personas cualificadas, que son los denominados
jueces caninos. Es claro que estos señores no pueden regirse por un gusto
personal, sino por el criterio que marca el estándar oficial de la raza, pues en
este caso: <>, empleando el término <> para definir las cualidades
morfológicas que hacen que una raza se identifique con sus normas.